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viernes, 20 de julio de 2012

Y, te gusta San Pablo?


Acabo de darme cuenta de que exactamente nueve meses atrás estaba llegando a esta ciudad, mi nuevo hogar. Apenas unas semanas antes de eso, decía que todavía no quería buscar trabajo en Buenos Aires, porque (todavía) no quería cambiar la tranquilidad y comodidad de Córdoba por la agitación y complicaciones de la "gran ciudad". Un término muy relativo, porque ese 19 de octubre me mudé a la ciudad más grande de América.

Hace un tiempo vengo pensando en escribir algo sobre el atropello de ideas y sentimientos que se me arma cuando alguien me hace la pregunta tan importante:

 "Y, te gusta San Pablo?"

Si el que está preguntando es de Brasil, hay que tener bastante cuidado. Si bien siempre hay excepciones, a los brazucas les gusta decir (y oír) cosas lindas. Es una parte de su cultura que estoy todavía intentando entender, pero es algo como buscar la vuelta para decir algo positivo, bueno, agradable, omitiendo lo negativo a menos que realmente sea imprescindible. Si esto hace que la respuesta se aleje un poquito de la verdad, será por un buen fin. Es obvio que por más que intente, termino diciendo lo que realmente pienso. Total, mi excusa es que soy argentino.

Y si la otra persona es no-brasilera , entonces el cuidado es otro. En el imaginario argentino Brasil suele relacionarse con una combinación de elementos que suele incluir playa, caipirinhas, garotas de cuerpo escultural (bronceándose en la playa y tomando una caipirinha) - y uno pasando los días en un contínuo regocijo asegurado por los elementos anteriores. Está claro que da pena explicarle a la otra persona que es San Pablo no tiene playas y que, (com licença das brasileiras, que são certamente hermosas mulheres) quien ha estado en Córdoba, Rosario o Buenos Aires, no va a deslumbrarse por estos lados. 

Igual, no hace falta que imaginen Brasil de otra forma. Simplemente deben considerar el detalle de que ese Brasil, es más parecido al Brasil de Rio, o el nordeste, o Floripa... A fin de cuentas por algo habré ido ya 3 veces a conocer las mismas playas... (y otra a Salvador, y otra a Floripa...)

Hablando más en serio, si es difícil responder, es porque un "sí" sería una respuesta simplista, y un "no", una mentira. 

Si vine a San Pablo es porque encontré un trabajo que no buscaba pero me encontró, y no hay dudas de que profesionalmente, es un buen momento para estar acá. "Sampa" es la capital económica de Brasil, un país que se acaba de convertir en la octava economía del mundo y que se está preparando para recibir, en dos años, la copa mundial de fútbol, y dos después, los juegos olímpicos! Es fácil imaginar que eso genera muchas oportunidades.

Cuando se suma a esto la crisis que está viviendo Europa, se entiende por qué hay tantos inmigrantes no sólo de países sudamericanos, sino de países "del primer mundo", como tenemos la manía de decir. Pero esa es apenas una parte de la diversidad social y cultural. Antes de esta ola de inmigrantes, San Pablo ya era un crisol de culturas. A fin de cuentas, entre los 20 millones que vivimos acá hay brasileros de todos los estados . Y comparando con Brasil, los argentinos somos todos igualitos.

Oportunidades profesionales, diversidad cultural y social, y por supuesto... el combo caipirinha. No me puedo quejar, me digo.

Pero faltan 5 minutos para medianoche y yo siento que es tarde, porque me tengo que levantar 6.30 para bañarme, comprar pan para el desayuno en la oficina, caminar los 15 minutos hasta el subte, bajarme en la cuarta estación, tomar el bondi y llegar antes de las 9 porque si no el reloj electrónico te marca tardanza. Trabajar hasta las 12.30, que salimos a almorzar pero cuidando de volver antes de las 13.30, porque si no el reloj electrónico te marca tardanza. Y trabajar hasta las 19 y no antes, porque si no... si no el reloj electrónico te marca que le debés minutos a la empresa.

Pero cuando son las 19 sos libre para tomarte la caipirinha si querés. A la playa... podés ir el fin de semana si querés. Igual está el parque Ibirapuera que es una opción más cercana y más barata. Si ese día no hago yoga, llego a mi casa a las 20, pero como ese día no hago yoga puedo aprovechar para comprar algo de comida, lavar ropa y quién te dice, aceptar esa invitación de último momento a ver una peli en el cine del shopping.

Y sin darme cuenta, llega el fin de semana. (Darse cuenta de las cosas requiere tiempo) Y me siento un paulistano más, porque el viernes, cuando apago la compu y dejo el escritorio, tengo toda la sensación de que tengo unas 48 horas para vivir, con todas y cada una de las letras de la palabra.



Y me doy cuenta que la persona todavía está esperando que le diga si me gusta San Pablo.



Le digo que sí, que es toda una experiencia. Y pienso que experimentar es bueno, incluyendo el reloj electrónico de las 9 a 19. 

Pero también pienso que está bueno, siempre que el experimento no le ceda el lugar al piloto automático.


Caminante no hay camino,
se hace camino al andar.


domingo, 22 de abril de 2012

No hay nada que hacer?



Hay muchas formas de viajar. Una es desplazarse físicamente a otros lugares geográficos. Pero también hay formas de viajar hacia otras realidades, otras formas de vida, que aunque estén ocurriendo al lado nuestro, están tan lejos que nunca las imaginamos posibles.

No son pocas las veces en que, sin el menor aviso, se aparece la pregunta ¿Por qué me vine a vivir a Brasil? A fin de cuentas, la pregunta es totalmente válida. Yo en Córdoba tenía amigos, lugares donde me sentía a gusto, costumbres, rituales y algo que también cuenta: un pasado, una historia. Mudarse a otra ciudad es cortar  todas esas raíces para injertarlas en otras tierras, y esperar que en el proceso no se sequen, y vuelvan a crecer lo más rápido posible.

Las respuestas no llegan tan fácilmente como las preguntas. Las más evidentes no siempre son las correctas. El trabajo, que es la causa inmediata por la que decidí levantar esas raíces, nunca me pareció toda la explicación de esta mudanza. A fin de cuentas (y afortunadamente) la vida se extiende más allá de los lunes a viernes de 8 a 18.

Esta vez vengo a contarles una de esas experiencias que, a mí forma de ver, justifican estar acá. 

Así como viví 7 años en Córdoba sin conocer la Quebrada del Condorito, ni la cripta de la manzana jesuítica, ni (disculpen, en verdad) un baile de "La Mona", pasé todos esos años sin haber participado nunca de "Un techo para mi país", una ONG que en Córdoba es bastante conocida y fuerte, porque ya hace varios años que trabaja. Después de tanto verla en Córdoba, me entero que en São Paulo había una construcción. Y entonces me inscribí.

Para los que no la conocen UTPMP es una ONG fundada en Chile en 1997 por un grupo de estudiantes universitarios que se negaban a pensar que "No hay nada que hacer". A través de construcción de viviendas de emergencia y de planes de habilitación social, esta organización pretende mejorar la condición de vida de personas en extrema pobreza, ya no en Chile, sino en toda América Latina. (Más info aquí

Seguimos. Me inscribí en el sitio web, y un viernes de marzo me tomé el subte, que me llevaría al tren, que me dejaría cerca de la escuela donde sería la concentración. Al bajar en la estación bajaron, de otros vagones, dos chicas cargadas con mochila, bolsas de dormir y otros bártulos diversos, sin olvidar almohada y sombrero. No podían ir a otro lado. Juntos nos las arreglamos para llegar a la escuela sin un GPS.

Al llegar, mi primera impresión fue que yo era un poco viejo para el promedio de la ocasión. Es que la mayoría de los voluntarios eran universitarios, y más bien de los que están empezando. Y la segunda fue de alegría. Ni siquiera entendía muy bien qué era lo que íbamos a hacer, ni dónde, pero el sólo hecho de ver más de 1.000 estudiantes que estaban dedicando un fin de semana para hacer esto, y que por lo visto, estaban muy contentos de hacerlo, no puede sino infundirte esperanzas.

Una vez que nos juntamos todos, nos dieron la remera y nos asignaron a un barrio, nos enteramos que ese fin de semana construiríamos entre todos 61 casas, en 9 barrios, completando con esas un total de 1.000 en los años que lleva UTPMP en Brasil. 


Después de la introducción nos fuimos en colectivos a los respectivos barrios. En mi caso, los poco más de 100 nos fuimos a un lugar a una hora del centro de SP, y pasaríamos las 2 noches en la escuela del lugar. Se sintió de nuevo como irse de campamento con la escuela, sólo que esta vez no habría profesores intentando inculcarme (falsa) moral, religión, patriotismo y otras perversidades. Una vez en el polideportivo de la escuela, nos dividimos en equipos de 10, nos presentamos y a dormir. 

Al día siguiente, la hora de arremangarse. La construcción de las casas de emergencia se haría en 2 días. Fíjense que son "viviendas de emergencia", y no viviendas, porque nadie pretende que una familia viva en forma permanente en una casa de madera de 3 x 6 metros. Pero sólo se entiende del todo que este mínimo espacio es una gran mejora cuando se ve (de cerca) la forma en que estas familias viven. Sólo hace falta pensar que no hay cloacas, desagües, tendido eléctrico para comenzar a imaginar la incomodidad y falta de higiene. 



Las casas se llevan prearmadas: lleva todo el primer día instalar la base de la casa, que son 15 postes de entre 1,5 y 2 metros, y al día siguiente ya se puede ensamblar encima el piso, las paredes y el techo. Pero mejor les voy mostrando.

Construcción al 0%


Empezando con los primeros postes
El primer día fue realmente cansador. Cuando llegamos el terreno estaba "más o menos limpio", a no ser por un inodoro con la cañería desembocando en la nada, algunos cerámicos alrededor, algunos otros caños, ropa y otros tesoros escondidos diversos. No fue tan cansador remover todo eso y cavar los 15 pozos como asegurarse de que los postes estuvieran perfectamente nivelados, para lo cual a veces había que sacarlos para cavar uno poco más, después un poco menos y después fijarlos con piedras que no podíamos encontrar. 

El agotamiento que todos teníamos esa noche fue uno de aquellos que tanto se sufren en los músculos, como  se disfrutan en el pecho. Hago un esfuerzo por no olvidar que ese placer, esa satisfacción, es quizás señal de que momentos como aquél deberían ser un poco más de regla y menos de excepción.

Al día siguiente fue el turno del piso, las paredes y el techo. Lo que en teoría debía ser mucho más simple, fácil y rápido que lo del día anterior, con suerte pudimos terminarlo antes de volver a SP. Más fotos.

Se va pareciendo a una casa

Obrero por un día

Las familias para las que se construyen las casas se eligen por orden de "necesidad". Claro que siempre son más las que necesitan que las casas para las que hay presupuesto, pero de alguna manera se define una prioridad. La casa que nosotros construimos fue para Ana Carolina, una chica de 20 años con un hijo de pie, y otro que llegará pronto, sin trabajo, sin pareja. Hasta el momento de tener "su casa" vivía con su madre y su padre en otra de las casas de UTPMP, la primera del barrio. Pero por si olvidaron el tamaño de la casa se los repito: 18 metros cuadrados. Evidentemente, esta nueva familia, necesitaba otro espacio.

Mateus, uno de los dueños de la casa
Las familias deben pagar una parte de la casa (el 10%), y participar en la construcción. Algo que me gusta mucho de esta ONG es que hay un concepto muy importante y es que el objetivo es ayudar a las personas a mejorar su situación integralmente, y parte de eso, es respetar su dignidad y autoestima. No es regalarles una casa, es trabajar juntos en construirla.

Es muy difícil transmitir todas las sensaciones y aprendizajes que esta experiencia me dejó. En pocas palabras, después de algo así, no se puede seguir haciendo la vista gorda con la misma tranquilidad. Lo que primero sentí es una alegría inmensa por saber que la vida de Ana Carolina y Mateus va a ser un poquito mejor. No sólo van a estar más cómodos, sino que muy probablemente los dos (y próximamente tres) se enfermen menos por estar menos expuestos a la basura, la humedad, el frío, etc. Y lo segundo: Por qué parar ahí? 

Qué excusa nos vamos a poner para ocuparnos de otras cosas, importantes sin duda, (las nuestras), y olvidar que SÍ hay algo para hacer? 

Lo dejo acá, porque nuevamente, las preguntas vienen más fácilmente que las respuestas. Y aunque yo tuviera las mías, cada uno encuentra las suyas.


La casa terminada











sábado, 10 de marzo de 2012

No tan parecidos


Cuando tenía 16 años, y estaba cursando el penúltimo año del colegio, se me ocurrió que quería estudiar otro idioma. Just for tha sake of it, sólo por gusto. Alemán no porque nunca me gustó, y me parece que sería muy difícil aprenderlo. Francés siempre me gustó – y de hecho es una materia pendiente – pero mi viejo siempre hacía lobby en su contra, y tuve que reconocer que algunos argumentos eran convincentes para no estudiarlo, y en su lugar, estudiar portugués. Un idioma mucho más fácil y rápido de aprender, que a su vez, tiene mucha más utilidad. Los argentinos podremos sentir nuestro orgullo herido, pero debemos reconocer que somos el hermano chiquito – chiquitito – de Brasil, y que nos conviene estar preparados para trabajar con ellos. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.

Después de un año de estudiar portugués en el instituto alemán – sí, alemán – me hicieron una oferta que no podía rechazar: un chico que iba a hacer un intercambio corto en Brasil se había enfermado y necesitaba un reemplazo. Ya conocen como termina esa historia.

Un poco como ahora, el tema era en días. Así que llené los formularios del rotary que le iban a mandar a mis familias anfitrionas y me dediqué a la ardua tarea de tranquilizar a mi mamá y mi abuela. Mi mamá en realidad estaba contenta, aunque tenía unos nervios tremendos. Ya mi abuela, no podía entender por qué carajo estaba queriendo irme a Brasil, así que a mí me venía con llantos y a su hija, simplemente la cagaba a pedos. ¿Cómo se le ocurría dejar a un niño de 17 años irse sólo a otro país, a miles de kilómetros y donde hablaban otro idioma?

La cuestión es que para mí todo fue una aventura. Me vine a vivir a Marília (SP) originalmente por 45 días, que se convirtieron en casi 3 meses. Estuve en 3 casas distintas, con familias definitivamente diferentes. Todo ese tiempo sumergido en otro idioma, otra comida, otra gente, otros lugares, en fin: otra cultura. Al volver a Argentina declaré que, aunque Argentina siempre va a ser mi hogar, si tuviera que vivir en otro lado, sería en Brasil. Sentí que si había diferencias culturales eran muy pocas, despreciables. Y en todo caso las que hubiera, eran totalmente aceptables.

A más de 8 años de aquella experiencia hoy estoy de nuevo en San Pablo. Pero todo es diferente. La ciudad no es una población de 400 mil, sino una megalópolis de 20 millones de personas, mis responsabilidades son un poco mayores, y sobre todo yo soy otro. Es claro que la visión de un niño de 17 años no es la misma de alguien de 25 que entre medio, se fue de su ciudad natal y vivió un año en otros dos países. Hoy, esa idea que yo traía de que “somos casi lo mismo”, de que nuestras culturas son muy parecidas, está casi extinta.

Somos parecidos, sí, pero quizás somos todo lo parecidos que cualquier par de países latinoamericanos es entre sí. Quizás los argentinos nos parecemos a los brasileros tanto como nos parecemos a los venezolanos, o a los ecuatorianos. Yo tenía razón en que es un lindo lugar para vivir, en que puedo estar acá sin sentir que no puedo adaptarme a la cultura local, pero estaba equivocado al decir que era, detalles más o menos, lo mismo.

Escultura en el memorial de América Latina

Supongo – y espero – que gradualmente entenderé, aceptaré y finalmente me adaptaré más a la cultura local. Con cultura me refiero a aspectos muy diversos de la vida como la comida, la música, las costumbres y tradiciones, los modales y el humor. Quizás sobre todo, estos dos últimos ingredientes de esa mezcla que forma el gen brasilero. O quizás debería decir Paulista.

No sé cuán representativos de la cultura argentina sean mis modales y mi sentido del humor, pero en promedio, no tan fuera de lo común – creo. Aunque evidentemente, son muy diferentes de los locales. Creo que hay personas que tienen facilidad en adoptar rápidamente cierta forma de ser porque es la correcta, son digamos, diplomáticos. Bueno, a mi no me resulta tan fácil.

Uno de los conceptos clave en la forma de ser del Paulista (no puedo decir que de todo brasilero) es el de “ser amable”. Y lo son. Si pueden evitar decir algo que pueda parecer negativo sobre otra persona, lo evitan. Lo mismo vale para las opiniones contrarias. Y este objetivo, la mayoría de las veces, está muy por delante de la honestidad. En criollo: prefieren decir algo lindo y agradable, que decir la verdad (lo que no impide, y hasta favorece, que a espaldas de esa persona sean bastante generosos en calificativos y críticas). Puedo llegar a aceptar que esta postura sea a fin de cuentas positiva, según me dicen, lo que tratan es de evitar roces. ¿Pero qué querés que te diga? ¡La verdad es que no estoy de acuerdo!

Siempre les explico que tienen que tener en cuenta que, grosso modo, la mitad de los argentinos desciende de italianos y la otra, de españoles. (Sé que es una exageración burda, hay descendientes de montones de otras nacionalidades pero sirve para que lo imaginen). Y no tienen más que ver la forma de ser de los españoles e italianos para darse cuenta que es lógico que nuestros modales sean un poquito… intensos y frontales. Ojo, yo soy consciente de que el que se tiene que adaptar soy yo, pero de todas formas intento que ellos también vean que hay otras formas de ser, y que en donde yo nací, ¡esa forma de ser “está bien”!

Las diferentes formas de humor y de ideas sobre lo que son “buenos modales” son las que más noto en el día a día. En mi oficina, ya lo hemos incorporado a modo de chiste, que yo soy “grosso” (es decir, grosero o maleducado). La mayoría de las situaciones que les hacen pensar eso me resultan cómicas, algunas pocas no tanto. Yo, en cambio, les digo que lo que pasa es que en relación a mi forma de ser ellos son muy sensibles. (No sé por qué me suena que esto ya lo usé también en Argentina, pero bueno, lo dejemos de lado por ahora).

Es muy interesante cómo las personas pueden pensar distinto. Lo que para mí es un comentario “honesto, sincero” para ellos puede resultar “rudo, grosero, agresivo u ofensivo”, en distintos niveles de intensidad según sean mi nivel de confianza con la persona, la hora del día, el hambre que tenga, etc.

Con paciencia, todos aprendemos. Ellos aprenden que hay otros lugares donde hay ideas distintas sobre lo que se considera educado, honesto, o falso. Y por otra parte, yo estoy aprendiendo que si bien otras personas pueden tener en consideración que “sos de otro lado”, cuando uno es el de afuera, es el que se tiene que adaptar.

Estar en San Pablo es, un poco, estar en todo el mundo. Entre todos los extranjeros que vivimos acá y los que voy conociendo – y hospedando – a través de CS, vivo en un verdadero intercambio cultural permanente. Eso debería ser una inmunización contra la intolerancia.

Además de haber hospedado a por una o dos noches a couchsurfers que conocí en las reuniones, y necesitaban otro lugar para extender su estadía, en estas últimas dos semanas tuve mis dos primeros surfers oficiales, es decir, que pidieron el lugar a través de la página: Christoph, de Alemania y Jenniffer, de Estados Unidos. La experiencia fue excelente! Pero quedará para otro post.

Gracias por haber compartido este momento. Faltaba el mate nomás.

Será até a próxima.

domingo, 23 de octubre de 2011

Pero ella tenía otros planes


“Por ahora estoy buscando en Córdoba. Buenos aires me parece muy grande, ruidosa y estresante por ahora.” Eso es lo que yo decía a los que me preguntaban sobre mi búsqueda de trabajo, y no estaba mintiendo. En verdad yo no estaba buscando trabajo en Buenos Aires, ¡Muchos menos en Brasil!

Mis planes eran quedarme un tiempo más en Córdoba, disfrutando de los amigos y aficiones que ocupaban la mayor parte de mi tiempo libre en el año que siguió al semestre en Málaga. Las clases de foto, las pizzas de rúcula en los bares de la Belgrano (y su consabida cerveza, preferentemente Stout) y los martes, los tan ansiados martes de teatro en cirulaxia. En un punto no sé si esperaba más la clase o la cervecita con los cirulaxianos que siempre, infaltablemente, le seguía. Mis planes eran encontrar un trabajo que me dejara tiempo libre para esas cosas y quizás volver a las aulas el año que viene.

Pero ella tenía otros planes. Mi vida, quiero decir. Mi vida me sorprendió con una propuesta a la que no me podía resistir, y todos esos planes quedaron ahí, obsoletos. No inconclusos ni postergados, sino superados. Era linda la idea de seguir frecuentando Dadá Mini y Mandinga, de seguir disfrutando de las clases en cirulaxia y todo eso. ¿Pero venir a vivir a San Pablo?

Nunca estuvo mejor aplicada la frase “sin pensarlo”. Tantas piezas encajaron en mi vida a lo largo de los años para que esto sucediera que evidentemente, mi vida lo había estado planeando sin que yo me diera cuenta. Estudiar portugués los dos últimos años de la secundaria, pasar un verano en el interior de San Pablo cuando tenía 17 años y tener tanto gusto por los viajes que armar una valija es una actividad en la que ya podría competir.

Apenas terminé de cursar la facultad, y por más que hiciera esfuerzos por evitarlo, una y otra vez venía a mi cabeza la pregunta “¿Cuál es mi plan?”. Una pregunta que muchos consideran fundamental para lograr el éxito. La verdad es que todavía no tengo muy en claro cuál es el concepto de éxito, y por lo tanto, de cuál es mi plan.

Pero ella tenía otros planes. Y me están gustando.


Con este post quiero compartir con ustedes la sensación en general que este último mes me dejó. Más adelante les contaré un poco sobre el trabajo, la ciudad y demás cuestiones, pero quizás se hagan esperar un poco porque por ahora estoy en un hotel donde internet es muy caro. En teoría no debería demorar mucho en mudarme a un departamento, pero “no mucho” puede significar entre una semana y… quién sabe.

La idea de este blog es comentar con ustedes lo que va siendo esta experiencia. Y fíjense que digo “con ustedes”, eso quiere decir que sus comentarios son bienvenidos y son el combustible de este espacio.

Lo último: si se quieren comunicar conmigo manden un mail, porque en el trabajo no puedo entrar a facebook pero sí recibir mails.

Obrigado por ter vindo, e até mais gente!