Acabo de darme cuenta de que exactamente nueve meses atrás estaba llegando a esta ciudad, mi nuevo hogar. Apenas unas semanas antes de eso, decía que todavía no quería buscar trabajo en Buenos Aires, porque (todavía) no quería cambiar la tranquilidad y comodidad de Córdoba por la agitación y complicaciones de la "gran ciudad". Un término muy relativo, porque ese 19 de octubre me mudé a la ciudad más grande de América.
Hace un tiempo vengo pensando en escribir algo sobre el atropello de ideas y sentimientos que se me arma cuando alguien me hace la pregunta tan importante:
"Y, te gusta San Pablo?"
Si el que está preguntando es de Brasil, hay que tener bastante cuidado. Si bien siempre hay excepciones, a los brazucas les gusta decir (y oír) cosas lindas. Es una parte de su cultura que estoy todavía intentando entender, pero es algo como buscar la vuelta para decir algo positivo, bueno, agradable, omitiendo lo negativo a menos que realmente sea imprescindible. Si esto hace que la respuesta se aleje un poquito de la verdad, será por un buen fin. Es obvio que por más que intente, termino diciendo lo que realmente pienso. Total, mi excusa es que soy argentino.
Y si la otra persona es no-brasilera , entonces el cuidado es otro. En el imaginario argentino Brasil suele relacionarse con una combinación de elementos que suele incluir playa, caipirinhas, garotas de cuerpo escultural (bronceándose en la playa y tomando una caipirinha) - y uno pasando los días en un contínuo regocijo asegurado por los elementos anteriores. Está claro que da pena explicarle a la otra persona que es San Pablo no tiene playas y que, (com licença das brasileiras, que são certamente hermosas mulheres) quien ha estado en Córdoba, Rosario o Buenos Aires, no va a deslumbrarse por estos lados.
Igual, no hace falta que imaginen Brasil de otra forma. Simplemente deben considerar el detalle de que ese Brasil, es más parecido al Brasil de Rio, o el nordeste, o Floripa... A fin de cuentas por algo habré ido ya 3 veces a conocer las mismas playas... (y otra a Salvador, y otra a Floripa...)
Hablando más en serio, si es difícil responder, es porque un "sí" sería una respuesta simplista, y un "no", una mentira.
Si vine a San Pablo es porque encontré un trabajo que no buscaba pero me encontró, y no hay dudas de que profesionalmente, es un buen momento para estar acá. "Sampa" es la capital económica de Brasil, un país que se acaba de convertir en la octava economía del mundo y que se está preparando para recibir, en dos años, la copa mundial de fútbol, y dos después, los juegos olímpicos! Es fácil imaginar que eso genera muchas oportunidades.
Cuando se suma a esto la crisis que está viviendo Europa, se entiende por qué hay tantos inmigrantes no sólo de países sudamericanos, sino de países "del primer mundo", como tenemos la manía de decir. Pero esa es apenas una parte de la diversidad social y cultural. Antes de esta ola de inmigrantes, San Pablo ya era un crisol de culturas. A fin de cuentas, entre los 20 millones que vivimos acá hay brasileros de todos los estados . Y comparando con Brasil, los argentinos somos todos igualitos.
Oportunidades profesionales, diversidad cultural y social, y por supuesto... el combo caipirinha. No me puedo quejar, me digo.
Pero faltan 5 minutos para medianoche y yo siento que es tarde, porque me tengo que levantar 6.30 para bañarme, comprar pan para el desayuno en la oficina, caminar los 15 minutos hasta el subte, bajarme en la cuarta estación, tomar el bondi y llegar antes de las 9 porque si no el reloj electrónico te marca tardanza. Trabajar hasta las 12.30, que salimos a almorzar pero cuidando de volver antes de las 13.30, porque si no el reloj electrónico te marca tardanza. Y trabajar hasta las 19 y no antes, porque si no... si no el reloj electrónico te marca que le debés minutos a la empresa.
Pero cuando son las 19 sos libre para tomarte la caipirinha si querés. A la playa... podés ir el fin de semana si querés. Igual está el parque Ibirapuera que es una opción más cercana y más barata. Si ese día no hago yoga, llego a mi casa a las 20, pero como ese día no hago yoga puedo aprovechar para comprar algo de comida, lavar ropa y quién te dice, aceptar esa invitación de último momento a ver una peli en el cine del shopping.
Y sin darme cuenta, llega el fin de semana. (Darse cuenta de las cosas requiere tiempo) Y me siento un paulistano más, porque el viernes, cuando apago la compu y dejo el escritorio, tengo toda la sensación de que tengo unas 48 horas para vivir, con todas y cada una de las letras de la palabra.
Y me doy cuenta que la persona todavía está esperando que le diga si me gusta San Pablo.
Le digo que sí, que es toda una experiencia. Y pienso que experimentar es bueno, incluyendo el reloj electrónico de las 9 a 19.
Pero también pienso que está bueno, siempre que el experimento no le ceda el lugar al piloto automático.
Caminante no hay camino,
se hace camino al andar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario