Ese primer lunes de diciembre comenzó como cualquier otro lunes. En la oficina, las caras transmitían que el fin de semana había sido muy corto y que aún faltaba mucho para el siguiente viernes. Pasando el mediodía, unos minutos antes de salir a almorzar, mi jefe me llama por teléfono desde otra oficina y me pide que vaya. Cuando abro la puerta me sorprende ver que está solo. Y al sentarme, me entero el motivo del misterio cuando me dice: "Manuel, hay malas noticias. La empresa está prescindiendo de tus servicios a partir de hoy. Podés irte cuando quieras".
Llegué a Brasil en octubre de 2011, contratado por una multinacional portuguesa para trabajar en la tesorería. Nunca había trabajado en una, pero siempre me sentí cómodo aprendiendo cosas nuevas. Claro que nadie me había avisado que la empresa tenía algunas "dificultades" financieras. Los primeros meses fueron tranquilos, y menos mal, porque mi adaptación incluía desempolvar mi portugués, aprender el vocabulario técnico y conocer "el negocio". Después de eso, el trabajo se fue poniendo más demandante y complicado. Eso era bueno, porque mientras mayor el desafío, más podía aprender. Con el tiempo, algunas "complicaciones transitorias" de la empresa se hicieron permanentes, y los desafíos dieron lugar a una rutina que me estaba generando muchas dudas.
¿Yo realmente quería estar en ese lugar, haciendo lo que estaba haciendo?
Hacía rato que en mi interior, esa pregunta ya estaba hecha - y respondida. Pero por algunos motivos (o excusas) yo estaba haciéndome el distraído. El compromiso con quienes habían confiado en mí, agradecimiento, inercia y una peligrosa sensación de comodidad. Peligrosa, digo, porque me fue adormeciendo. Hasta que la vida me dio una mano quitándome esa comodidad y sacudiéndome de esa incercia.
De repente estaba desempleado, sin obligaciones. No creo que la libertad pueda ser "demasiada", pero a eso se parece la sensación que tenía. Sin trabajo, sin pareja, sin hijos... ni perro tenía! Totalmente libre para tomar cualquier decisión. Incluyendo trabajo y lugar de residencia. Si alguien pensó que antes también era totalmente libre para tomar cualquier decisión, concuerdo. Pero la comodidad y certidumbre que me daban mi trabajo tenían su precio en libertad.
![]() |
| Orla Bardot - Búzios - RJ |
Tanta libertad me hizo sentir responsable. ¡Responsable de aprovecharla! Y los que me conocen un poco sabrán que en mi caso, esto de aprovechar la libertad significa una cosa: Viajar. De eso les contaré en un próximo post.
Até a próxima!

Hola amigo recien leo tu post quiero saber mas de vos se que soy duro para escribir pero eso no quita que te recuerde a menudo un abrazo grande Manu y se cumplio la profesia se te vino el 2012 una nueva era que la disfrutes amigo feliz nueva era!!!!!!
ResponderEliminarFernando Sanchez
Amigo!! cuántos cambios!!... algunos me toman por sorpresa!! pero conociéndote estoy seguro de que encontrarás un nuevo camino... de esos que te hacen pasar buenos momentos, GRANDES momentos. Te esperamos por Cba y te sigo por acá!!! Te mando un abrazo grande.
ResponderEliminarGabriel