domingo, 22 de abril de 2012

No hay nada que hacer?



Hay muchas formas de viajar. Una es desplazarse físicamente a otros lugares geográficos. Pero también hay formas de viajar hacia otras realidades, otras formas de vida, que aunque estén ocurriendo al lado nuestro, están tan lejos que nunca las imaginamos posibles.

No son pocas las veces en que, sin el menor aviso, se aparece la pregunta ¿Por qué me vine a vivir a Brasil? A fin de cuentas, la pregunta es totalmente válida. Yo en Córdoba tenía amigos, lugares donde me sentía a gusto, costumbres, rituales y algo que también cuenta: un pasado, una historia. Mudarse a otra ciudad es cortar  todas esas raíces para injertarlas en otras tierras, y esperar que en el proceso no se sequen, y vuelvan a crecer lo más rápido posible.

Las respuestas no llegan tan fácilmente como las preguntas. Las más evidentes no siempre son las correctas. El trabajo, que es la causa inmediata por la que decidí levantar esas raíces, nunca me pareció toda la explicación de esta mudanza. A fin de cuentas (y afortunadamente) la vida se extiende más allá de los lunes a viernes de 8 a 18.

Esta vez vengo a contarles una de esas experiencias que, a mí forma de ver, justifican estar acá. 

Así como viví 7 años en Córdoba sin conocer la Quebrada del Condorito, ni la cripta de la manzana jesuítica, ni (disculpen, en verdad) un baile de "La Mona", pasé todos esos años sin haber participado nunca de "Un techo para mi país", una ONG que en Córdoba es bastante conocida y fuerte, porque ya hace varios años que trabaja. Después de tanto verla en Córdoba, me entero que en São Paulo había una construcción. Y entonces me inscribí.

Para los que no la conocen UTPMP es una ONG fundada en Chile en 1997 por un grupo de estudiantes universitarios que se negaban a pensar que "No hay nada que hacer". A través de construcción de viviendas de emergencia y de planes de habilitación social, esta organización pretende mejorar la condición de vida de personas en extrema pobreza, ya no en Chile, sino en toda América Latina. (Más info aquí

Seguimos. Me inscribí en el sitio web, y un viernes de marzo me tomé el subte, que me llevaría al tren, que me dejaría cerca de la escuela donde sería la concentración. Al bajar en la estación bajaron, de otros vagones, dos chicas cargadas con mochila, bolsas de dormir y otros bártulos diversos, sin olvidar almohada y sombrero. No podían ir a otro lado. Juntos nos las arreglamos para llegar a la escuela sin un GPS.

Al llegar, mi primera impresión fue que yo era un poco viejo para el promedio de la ocasión. Es que la mayoría de los voluntarios eran universitarios, y más bien de los que están empezando. Y la segunda fue de alegría. Ni siquiera entendía muy bien qué era lo que íbamos a hacer, ni dónde, pero el sólo hecho de ver más de 1.000 estudiantes que estaban dedicando un fin de semana para hacer esto, y que por lo visto, estaban muy contentos de hacerlo, no puede sino infundirte esperanzas.

Una vez que nos juntamos todos, nos dieron la remera y nos asignaron a un barrio, nos enteramos que ese fin de semana construiríamos entre todos 61 casas, en 9 barrios, completando con esas un total de 1.000 en los años que lleva UTPMP en Brasil. 


Después de la introducción nos fuimos en colectivos a los respectivos barrios. En mi caso, los poco más de 100 nos fuimos a un lugar a una hora del centro de SP, y pasaríamos las 2 noches en la escuela del lugar. Se sintió de nuevo como irse de campamento con la escuela, sólo que esta vez no habría profesores intentando inculcarme (falsa) moral, religión, patriotismo y otras perversidades. Una vez en el polideportivo de la escuela, nos dividimos en equipos de 10, nos presentamos y a dormir. 

Al día siguiente, la hora de arremangarse. La construcción de las casas de emergencia se haría en 2 días. Fíjense que son "viviendas de emergencia", y no viviendas, porque nadie pretende que una familia viva en forma permanente en una casa de madera de 3 x 6 metros. Pero sólo se entiende del todo que este mínimo espacio es una gran mejora cuando se ve (de cerca) la forma en que estas familias viven. Sólo hace falta pensar que no hay cloacas, desagües, tendido eléctrico para comenzar a imaginar la incomodidad y falta de higiene. 



Las casas se llevan prearmadas: lleva todo el primer día instalar la base de la casa, que son 15 postes de entre 1,5 y 2 metros, y al día siguiente ya se puede ensamblar encima el piso, las paredes y el techo. Pero mejor les voy mostrando.

Construcción al 0%


Empezando con los primeros postes
El primer día fue realmente cansador. Cuando llegamos el terreno estaba "más o menos limpio", a no ser por un inodoro con la cañería desembocando en la nada, algunos cerámicos alrededor, algunos otros caños, ropa y otros tesoros escondidos diversos. No fue tan cansador remover todo eso y cavar los 15 pozos como asegurarse de que los postes estuvieran perfectamente nivelados, para lo cual a veces había que sacarlos para cavar uno poco más, después un poco menos y después fijarlos con piedras que no podíamos encontrar. 

El agotamiento que todos teníamos esa noche fue uno de aquellos que tanto se sufren en los músculos, como  se disfrutan en el pecho. Hago un esfuerzo por no olvidar que ese placer, esa satisfacción, es quizás señal de que momentos como aquél deberían ser un poco más de regla y menos de excepción.

Al día siguiente fue el turno del piso, las paredes y el techo. Lo que en teoría debía ser mucho más simple, fácil y rápido que lo del día anterior, con suerte pudimos terminarlo antes de volver a SP. Más fotos.

Se va pareciendo a una casa

Obrero por un día

Las familias para las que se construyen las casas se eligen por orden de "necesidad". Claro que siempre son más las que necesitan que las casas para las que hay presupuesto, pero de alguna manera se define una prioridad. La casa que nosotros construimos fue para Ana Carolina, una chica de 20 años con un hijo de pie, y otro que llegará pronto, sin trabajo, sin pareja. Hasta el momento de tener "su casa" vivía con su madre y su padre en otra de las casas de UTPMP, la primera del barrio. Pero por si olvidaron el tamaño de la casa se los repito: 18 metros cuadrados. Evidentemente, esta nueva familia, necesitaba otro espacio.

Mateus, uno de los dueños de la casa
Las familias deben pagar una parte de la casa (el 10%), y participar en la construcción. Algo que me gusta mucho de esta ONG es que hay un concepto muy importante y es que el objetivo es ayudar a las personas a mejorar su situación integralmente, y parte de eso, es respetar su dignidad y autoestima. No es regalarles una casa, es trabajar juntos en construirla.

Es muy difícil transmitir todas las sensaciones y aprendizajes que esta experiencia me dejó. En pocas palabras, después de algo así, no se puede seguir haciendo la vista gorda con la misma tranquilidad. Lo que primero sentí es una alegría inmensa por saber que la vida de Ana Carolina y Mateus va a ser un poquito mejor. No sólo van a estar más cómodos, sino que muy probablemente los dos (y próximamente tres) se enfermen menos por estar menos expuestos a la basura, la humedad, el frío, etc. Y lo segundo: Por qué parar ahí? 

Qué excusa nos vamos a poner para ocuparnos de otras cosas, importantes sin duda, (las nuestras), y olvidar que SÍ hay algo para hacer? 

Lo dejo acá, porque nuevamente, las preguntas vienen más fácilmente que las respuestas. Y aunque yo tuviera las mías, cada uno encuentra las suyas.


La casa terminada











3 comentarios:

  1. Me he emocionado tanto con lo que escribiste y las fotos que aún sigo lagrimeando, con el corazón henchido de felicidad y orgullo. Esto no sólo se debe a que soy tu mamá, creo que a varios se conmoverán.Gracias por la enseñanza de vida que nos das.Como siempre te digo:me haces bien, te quiero y te admiro". Estoy orgullosa de tu alma. Beijos!. Mai

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  2. Muy lindo post..y cuanta verdad hay, muchas veces nos olvidamos de cosas tan simples..como es ayudar al prójimo. Me encanto que hayas vivido esta experiencia..por esta y muchas más! Te quiero!

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  3. Qué suerte tengo, de poder leerte: un post como un viento fresco que conmueve y remueve.Irene.

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