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jueves, 23 de febrero de 2012

Carnaval para todos



En Brasil se usa el mismo calendario que en el resto del mundo, pero el año empieza a finales de febrero. Y es que el tiempo que sigue a las fiestas de navidad y año nuevo parece ser simplemente una espera a la llegada del Carnaval: algunos participan en “escolas de samba” y practican, otros invierten mucho tiempo – y plata – en el disfraz que van a usar, y la gran mayoría del país piensa en dónde va a pasar tan dichosa fiesta.

Las ciudades con los mayores carnavales son Rio, Salvador y Recife. Cada una con su estilo, música y tradiciones propias. Mientras que en Rio la música que predomina es samba, en Salvador será axé y en Recife frevo y otras músicas que conozco menos todavía. Pero en todas esas ciudades se reúnen verdaderas multitudes de brasileros de todo el país y por supuesto, los “gringos”. Así nos llamamos todos los extranjeros, no importa de dónde seamos ni que el color de nuestros ojos y pelos sea marrón. Somos todos gringos y tendremos nuestro cartelito en letras verdes en las reuniones de Couch Surfing.

Para darse una idea del movimiento que significa carnaval para Brasil hay que recordar que es un país de más de 200 millones de habitantes y agregar a eso que muchos, muchos gringos quieren “pular o carnaval” en Brasil. Por esto, si uno quiere pasarla en alguna de las ciudades más buscadas tiene que comprar sus pasajes con al menos dos meses de anticipación. Algo a lo que definitivamente, no estoy acostumbrado. Por otra parte, la mayoría de ustedes bien sabrá que no soy para nada fanático de los amontonamientos, que ejercen una influencia perjudicial en mi humor. Pero el carnaval no se acaba en Rio!

Bloco de carnaval en San Pablo
Auspiciados por una cerveza, el tema era la lucha contra el cigarrillo (?) 



Uno de mis amigos couchsurfers me invitó a que me sumara para ir a un lugar con menos amontonamiento que Rio, más cercano que las 32 horas a Salvador y más barato que los 800 R del pasaje a Recife: Florianópolis. Así que allá fui, junto a otros 10 de la comunidad couchsurfer de San Pablo. Resulta que el padre de una de esas personas vive cerquita de Canasvieiras, en una casita con 6 habitaciones, pileta y a dos cuadras de la playa. Sí señor.

Y con esto no hay mucho más que decir, creo yo. El sólo hecho de tener 4 días libres es muy bueno, pero pasarlos en ese lugar y con toda esa gente, es mucho más que eso. Lo curioso es que poco y nada vimos de los eventos de carnaval, pero eso no nos hizo falta para pasarla muy bien y hacer un intercambio cultural de 4 días. Es que en la casa había gente de España, Irlanda, Perú, Inglaterra, Brasil y Argentina, así que en la misma conversación se hablaba inglés, portugués y español.

Lo interesante de esas mescolanzas es poder entender en qué medida “hablamos el mismo idioma”, más allá del lenguaje. Siempre es divertido (bueno, a veces no tanto) descubrir lo grandes que pueden ser las diferencias culturales – o las semejanzas. Nunca faltan en esas conversaciones los debates sobre “la soberbia argentina”, “de por qué los chilenos no se llevan bien con sus países vecinos” y sobre todo, “la asombrosa sed brasilera por la cerveza que no-es-tan-cerveza”.

James y Gio 
El grupete de caminata
Nuestro castillo de arena dedicado a Gaudí

El último día me desperté y pensé que estaba en Argentina. Más precisamente en Buenos Aires. Un amigo argentino del dueño de casa había ido con su familia (porteñoparlante) a hacerse cargo de la comida. Qué momento. Nos deleitó primero con unos mejillones frescos a la vinagreta, después rabas para terminar con un risotto de camarones que no puedo describir con mi vocabulario. Todo eso con vinitos chilenos y argentinos (como para que no piensen que somos tan soberbios).

Como podrán ver, hay muy pocas fotos. Estuve muy ocupado en disfrutar del lugar y la comida, pero como sacar MUCHAS fotos es una característica inherente a la cultura de los brasileros de mi generación, seguramente después puedo tomar algunas prestadas y compartirlas con ustedes.

En algún próximo post les podré contar sobre la experiencia de hospedar couchsurfers formalmente, es decir, a través de pedido por el sitio web. La semana que viene se queda en mi casa un alemán, y la siguiente, una chica de San Francisco. Yo estaba por “pensar” en la posibilidad de recibir gente, pero sin darme cuenta ya había alojado a un francés, un sueco, una rusa y aún más exótico, a un sanjuanino! Así que en realidad no hizo falta pensar.

Con muchas ganas de comer un poco más de ese risotto los dejo.

Atè a próxima!


sábado, 21 de enero de 2012

Couch Surfing: Un capítulo aparte


Salvo el chico que creyó que había conseguido trabajo en el (Colegio) San Pablo, creo que cuando me vine todos me preguntaron si conocía a alguien acá. Si ya “tenía a alguien” o si me venía con alguien y cuando respondía negativamente a  esas preguntas… algunos entonces preguntaban si no me daba aunque sea “así de miedo”, y juntaban los dedos índice y pulgar.

Y sí, si juntabas los dedos mucho, aunque sea ese miedo tenía. Pero si tenía algo de temor sobre lo que me esperaba acá era sobre cosas diferentes a lo que la mayoría pensaba. A mí me daba un poco de desconfianza el nuevo trabajo: que me gustara, que no me decepcionara y quizás la plata, que aunque sea me alcanzara.

Lo que no me tenía preocupado es el tema “gente”. Y es que después de muchos años de creer que uno de los rasgos de mi personalidad era “poco social” (tirando a veces hacia hermitaño), los viajes me ayudaron a descubrir que en realidad no era así. No voy a decir que soy el típico “alma de la fiesta”, pero sobre todo cuando es necesario (como en este caso), no me resulta problemático conocer gente nueva. Y con más viajes también descubrí, que además, me gusta.

Si estaba tranquilo y confiado en que iba a conocer gente y hacer algunos amigos no era porque tuviera un plan, o porque pensara dedicarme a recorrer bares con un cartel de “Amistad gratis”. Pero eso sí, venía decidido a descubrir Couch Surfing.

Y a riesgo de caer en el estilo Sprayette lo voy a decir: superó mis expectativas.

Es que mirando hacia atrás, el asunto en realidad es para pensarlo. Mudarse a una ciudad donde nunca viviste, que resulta estar en otro país donde de paso, se habla otro idioma es algo… desafiante. Pero si encima no conocés ni a una persona… entonces se te frunce un poco.

En ese caso, desde la comodidad de mirar hacia atrás, yo me pregunto qué carajo podría haber hecho para hacer amigos… porque la verdad que esa opción de ir a bares (y qué decir, boliches) con o sin cartel, no me pintaba mucho. Pero ahí viene la parte de Couch Surfing.

Después de estar varios días en tres lugares – hotel, trabajo, lanchonette – decidí que era hora de conocer esa organización que prometía tanto pero sonaba freaky. La idea es así: hay un sitio de internet donde la gente se registra y se ofrece para recibir personas en su ciudad, ya sea para alojarlas o para juntarse a tomar algo, ayudarles a conocer el lugar donde viven, etc. Por otro lado están los viajeros que cuando van a un lugar se pueden alojar en la casa de un lugareño, dar un “tour no turístico” y en la mayoría de los casos, hacerse uno o más amigos que parando en un hotel, quizás no haría. Todo eso gratis, y sin obligación de retribuir haciendo lo mismo en su propia casa.­­­­

Ahí vienen las típicas desconfianzas: Gratis? Cómo gratis? Y qué “gana” esa gente? Y no te chorean? Pero cómo, un extraño en tu casa? Uh, pero a las minas las deben %&··&”·$)(”·… ! Claro, es para desconfiar. Después de todo una de las cosas que nos enseñan de chicos es “no hables con extraños”, de lo cual aún con la capacidad intelectual de 7 años es fácil inferir que los extraños implican un peligro.

Pero además de alojar gente o llevarlos a recorrer la ciudad hay otras opciones. En muchas ciudades (por ejemplo, Córdoba y Buenos Aires) la comunidad local de couchsurfers organiza una juntada abierta una vez por semana para todos los que quieran ir, tanto viajeros como locales. Vi en la página de la comunidad de San Pablo que acá esa reunión existía, así que allá fui. Y ese martes fue el primero de muchos, de hecho, todos desde que llegué.

Al principio parece una reunión nerd de gente que quiere aprender idiomas, pero después los prejuicios se van disolviendo y de a poco uno empieza a entender cómo funciona, pero más que eso, a creer que la idea puede funcionar. Uno llega al bar, que es un bar común, pero tiene un salón aparte dedicado a los meetings de CS y se anota. Te preguntan tu nombre, país de origen (que en algún momento se torna un concepto muy borroso) y un detalle importante, si hablás portugués. Te dan un cartelito (crachá, que en portugués significa cartelito y en francés escupitajo) donde escriben esos datos. Si, les decía, al principio parece una reunión nerd.

Pero después de un rato, entre guaranás y cervejas, te das cuenta que conociste a varias personas que viven en San Pablo – algunas que nacieron aquí, muchas que no – y también otras que están de viaje y vienen de lugares muy variados como Oslo, Memphis, Atenas, Tahití y por supuesto… Buenos Aires. “Y sí boludo, si no al pedo nos dicen hormigas, estamos en todos lados!”

Y así conocía a los que hoy son mis amigos en San Pablo. Primero fue Ova (Buenos Aires – ojo, Provincia) y después Gustavo, Priscila, Marcella, Nilton y otros brasileros que espero que no se ofendan si leen esto y no ven su nombre.

Un día, después de haberle tomado el gustito a las reuniones, me dice mi viejo que una X persona de San Juan tenía un hijo, Z, viviendo en San Pablo porque estaba haciendo Q y que si quería podía ponerme en contacto porque T, y porque U y porque W. Yo le dije que me pasara su mail y lo invité a las reuniones. Resulta que estaba terminando su intercambio en la USP – o sea que ya hacía rato que estaba acá – y que se llamaba Guille. No sé cual habrá sido su impresión inicial, pero ahora está parando unos días en mi casa antes de volver a Argentina, después de haberse quedado en Rio de Janeiro 2 semanas haciendo couchsurfing.

Gio (Perú), Gustavo y Priscila (Brasil)

El mundo cabe en una cabina de teléfonos 

Tuve que desprenderme de este paraguas...


Como ese día que dije “todavía no quiero Buenos Aires porque es muy grande y estresante” (y me vine a vivir a San Pablo) también dije “todo bien, pero para recibir gente voy a esperar un poco”.

Y además de a Ova y Guille (que quizás no cuentan, son compatriotas y amigos) terminé alojando en mi casa a Ferdinand, un francés que está de intercambio en Salvador, Bahía. El “procedimiento” es que la persona te manda un couch request (solicitud de sofá) por la página y vos, después de ver su perfil, la aceptás o no. En este caso fue diferente, porque lo conocí en uno de los meetings al que fue con la chica que lo estaba alojando. Se quedó después en mi casa porque decidió alargar su estadía en SP y la chica ya tenía otro couchsurfer llegando. Todavía no puedo ser yo el que muestre la ciudad, pero en una semana de dormir muy poco, hicimos con él y otros couchsurfers un montón de cosas. Sobreviví a esa cuestión de "darle la llave de mi casa a un desconocido", no hizo nada malo, y ahora tengo un buen amigo en Lille!

Renata (Brasil), Gio (Brasil), Ferdinand (Francia)

Los que quieran pueden ver el album completo de estas fotos aquí.

De nada sirve ahora pensar lo que podría haber aprovechado CS cuando fui a Málaga. Podría haber conocido los mismos lugares que conocí pero de otra manera, sin gastar en alojamiento y quién dice, quizás me habrían quedado algunos amigos por allá. Pero vendrán otros viajes. Y aunque en este momento no puedo viajar,  sí puedo recibir en mi casa la parte más linda y duradera de los viajes: la gente.

Al final, no era tan mala la idea de ir a un bar con un cartelito. Está bien, no decía “amistad gratis”, pero decía mi nombre y eso fue suficiente.


Até a próxima!