martes, 12 de marzo de 2013

Si querés viajar, ¡Viajá!

Un deseo siempre presente



Una ruta en la Patagonia
Si hay algo en lo que seguramente todos mis conocidos estarán de acuerdo sobre mí, es en que me gusta viajar. Quizás "gusta" sea una palabra que no hace honor a mi siempre presente deseo de viajar. A cualquier lugar, solo o acompañado y por el tiempo que sea, siempre quise viajar

Lo que algunos habrán notado, es que cada viaje, lejos de satisfacer ese deseo, actúa como combustible que intensifica las ganas de conocer nuevos lugares, escaparse de la rutina y hacer algunos kilómetros más. Cada vez parece más lejano el día en que me disponga a "sentar cabeza", "echar raíces", "quedarme quieto" u otras actitudes similarmente sensatas que en mayor o menor medida, casi todos esperan de uno a estas edades. Y es que aunque me siento muy agradecido por los viajes que pude hacer, querer viajar más no es un capricho o una huída de mis responsabilidades. Emprender un nuevo viaje se me presenta como una necesidad: la de conocer el mundo en el que vivo, y en el camino, conocerme un poco más. Después de eso sí, podré pensar en echar raíces (que no significa quedarse quieto!).

La rutina es tirana


 Aunque estoy en contra de los arrepentimientos, me cuesta olvidar que cuando a los 18 años tomé la decisión sobre lo que iba a estudiar, estaba entre tres profesiones: economía, relaciones internacionales, y contabilidad. Lo irónico es parte de los motivos para descartar las dos primeras (más que elegir la tercera) fue porque implicaban mudarse de mi ciudad natal, y quizás una vida profesional con muchos viajes. Qué bien me vendría tener una charla con mi "yo" de aquél entonces! 

No sé si mi gusto por los viajes y por otras culturas se fue intensificando con los años, o simplemente me empecé a dar cuenta de eso. Lo cierto es que tras una tentativa de dejar la carrera de contador en tercer año - para pasarme a economía - decidí que lo mejor sería terminar lo que empecé y buscar otra manera de acercarme a las ciencias sociales.

Pero vino la rutina. En los últimos dos años estuve trabajando en distintas áreas de mi profesión (10 meses en auditoría, 15 en finanzas) y los viajes quedaron reducidos a escapadas de fin de semana. A pesar de que mis viejos nunca me presionaron en absoluto en cuanto a mi carrera, yo solito "compré" el mensaje de la sociedad sobre la importancia de hacer una carrera, tener un trabajo, en fin, el conjunto de esas cosas que hay que hacer para "ser alguien".

Mientras tanto, yo no me había olvidado de los viajes. Trabajar en San Pablo apareció como un híbrido entre la "carrera" y "viajar", pero con mucho más trabajo de oficina que de viaje o experiencia cultural. Pero vivir en esa ciudad me hizo conocer a Couch Surfing, y creo que eso fue un detonante para pensar en un viaje diferente.

Además de conocer personalmente a viajeros que habían salido de sus casas sin fecha de regreso, después de haber vendido todo, u otros que se habían tomado un tiempo sabático, "conocí" por internet historias de personas como ustedes y como yo que habían decidido salir a viajar. El nombre de este post, de hecho, es una suerte de homenaje a Aniko Villalba, culpable de ayudarme a ver que existen otras formas de viajar y que no tenemos que conformarnos con 15 días por año. En su post "Si querés viajar, viajá" hace una apología del delito de "dejar todo e irte de viaje por el mundo". Bueno, yo me sentí muy identificado con eso.

Después llegué a otros blogs de viajes y me enteré que no son pocos los que consiguieron, de distintas formas, realizar su sueño de "vivir viajando". Está la historia de Juan Villarino, que conococió el "eje del mal" a dedo, los Zapp, una familia que después de unir Argentina con Alaska en un auto antiguo salió a recorrer el mundo, y varios otros.  No sé si pretendo tanto, pero definitivamente, no me conformo con viajar dos semanas por cada año que viva!

Una noticia inesperada


Según la definición de la física, las dos cosas que pueden acabar con la inercia son la resistencia y la fuerza. No sé en cuál se encuadraría, pero lo cierto es que un lunes de diciembre de 2012, esa inercia desapareció en unos segundos cuando me enteré que me quedaba sin trabajo. Lejos de resultar una mala noticia, esta novedad era lo que necesitaba para  hacerme cargo de mis ganas de viajar.

De repente me había quedado no solamente sin empleo, sino sin excusas para no hacer lo que tanto me maravillaba en otros: comprar un pasaje y salir al mundo, con poco equipaje y sin fecha para regresar.

Así que eso hice. Compré un pasaje de San Pablo a Ciudad de México, a donde salgo dentro de un mes. No hay itinerario y no hay fecha estimada de retorno, de eso me iré enterando en el camino. Mentiría si digo que no dudé al tomar esta decisión. Sí que aparecieron dudas y los miedos en cuanto a dejar "mi carrera" en suspenso, sobre si me quedaré sin plata en el camino, si sabré viajar solo por tanto tiempo, y otras. Pero de superar obstáculos también se trata el viaje.

Tampoco pretendo dedicarme al turismo, o al menos, no sólo a eso. Quiero ser un viajero, que no es lo mismo. Pero de esto ya les contaré en otra ocasión - y en otro lugar. Para este viaje habrá otro blog, a donde después los invitaré, por donde me encantaría que me acompañen en este emprendimiento.

No sé cuánto durará este viaje, no sé si llegaré a Bolivia, a Perú o será tan solo a Panamá. Lo que sé es que hay mucho mundo por conocer, y vale la pena intentarlo!




martes, 8 de enero de 2013

Podés irte cuando quieras

Ese primer lunes de diciembre comenzó como cualquier otro lunes. En la oficina, las caras transmitían que el fin de semana había sido muy corto y que aún faltaba mucho para el siguiente viernes. Pasando el mediodía, unos minutos antes de salir a almorzar, mi jefe me llama por teléfono desde otra oficina y me pide que vaya. Cuando abro la puerta me sorprende ver que está solo. Y al sentarme, me entero el motivo del misterio cuando me dice: "Manuel, hay malas noticias. La empresa está prescindiendo de tus servicios a partir de hoy. Podés irte cuando quieras".

Llegué a Brasil en octubre de 2011, contratado por una multinacional portuguesa para trabajar en la tesorería. Nunca había trabajado en una, pero siempre me sentí cómodo aprendiendo cosas nuevas. Claro que nadie me había avisado que la empresa tenía algunas "dificultades" financieras. Los primeros meses fueron tranquilos, y menos mal, porque mi adaptación incluía desempolvar mi portugués, aprender el vocabulario técnico y conocer "el negocio". Después de eso, el trabajo se fue poniendo más demandante y complicado. Eso era bueno, porque mientras mayor el desafío, más podía aprender. Con el tiempo,  algunas "complicaciones transitorias" de la empresa se hicieron permanentes, y los desafíos dieron lugar a una rutina que me estaba generando muchas dudas. 

¿Yo realmente quería estar en ese lugar, haciendo lo que estaba haciendo?

Hacía rato que en mi interior, esa pregunta ya estaba hecha - y respondida. Pero por algunos motivos (o excusas) yo estaba haciéndome el distraído. El compromiso con quienes habían confiado en mí, agradecimiento, inercia y una peligrosa sensación de comodidad. Peligrosa, digo, porque me fue adormeciendo. Hasta que la vida me dio una mano quitándome esa comodidad y sacudiéndome de esa incercia.

De repente estaba desempleado, sin obligaciones. No creo que la libertad pueda ser "demasiada", pero a eso se parece la sensación que tenía. Sin trabajo, sin pareja, sin hijos... ni perro tenía! Totalmente libre para tomar cualquier decisión. Incluyendo trabajo y lugar de residencia. Si alguien pensó que antes también era totalmente libre para tomar cualquier decisión, concuerdo. Pero la comodidad y certidumbre que me daban mi trabajo tenían su precio en libertad.

Orla Bardot - Búzios - RJ
El momento no pudo ser mejor. Al mismo tiempo que yo me enteraba que tenía que dejar el departamento en San Pablo, mi madre se mudaba a una casita a dos cuadras del mar en Búzios.  El siguiente paso era obvio, ¿no les parece? Así que aquí estoy, a metros de la Orla Bardot. Y aunque volver a vivir en la casa materna no suele ser buena señal, pasar una temporada en Búzios no suena nada mal.

Tanta libertad me hizo sentir responsable. ¡Responsable de aprovecharla! Y los que me conocen un poco sabrán que en mi caso, esto de aprovechar la libertad significa una cosa: Viajar. De eso les contaré en un próximo post.

Até a próxima!